Los muertos no aceptan preguntas



Nela trabaja como traductora y vive en una pequeña casa en Cstelldefels, un pueblo de la costa de Barcelona, su mirada tiene la niebla de quien ha debido cerrar los ojos para avanzar sin despeñarse por el borde del precipicio.

En la buhardilla de su casa esconde un secreto, algo que nadie ha de ver porque allí conjura a sus demonios, de su madre heredó una fotografía arrugada, y de su abuela, Mamanela, el don de hablar con los muertos.


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